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De monstruos y hombres

VALORACIÓN


Mal Bicho
Reseña de Mal bicho, la doceava antología de Pelos de Punta
Reseña por Nahuel Fernández Etlis
Creada por Emiliana

Mal bicho, la doceava antología de Pelos de Punta, agrupa a trece universos donde los seres no-humanos protagonizan, participan, o por otra parte, se mantienen camuflados en hambrienta espera.

 

La población del Monte de la Piedad vive a merced de una amenaza: la bruja Minerva, cuya reputación maldita estremece con patas de araña. Cada nombre, descripción y diálogo hacen de Tarantella algo vivo, real, como si el autor Alan Souto nos diera un testimonio en carne propia.

 

La fauna continúa con las bacterias fecales de un obsesivo compulsivo en los gérmenes, que arrastrado por su incontrolable manía va hilando el origen de una criatura que podría estar habitándolo. El horror cobra dimensiones escatológicas en la pesadilla de Joaquín Correa.

 

Marcelo Rubio abre la cucha de un fiel compañero, creado por la mente de un niño pero no por eso irreal. Mascotas nos demuestra que las bestias que imaginamos pueden desatar nuestros deseos más retorcidos.

 

Yamila Bêgné, por su parte, presenta otra relación entre una mujer y su acompañante canino. En Siete de mayo, dos mil quince, ambos son retratados conviviendo en cuasi simbiosis, mostrando la complicidad, la unión que tanto conocemos quienes hemos amado a un perro. Las frases se presentan punzantes y directas, mordidas, y la desesperación del fiel animal ante una incertidumbre se nos transmite como la rabia.

 

El Elegido es el único que tiene manos en un mundo de mancos, y junto con un colega se abren camino a través de una realidad chueca, discapacitada, incluso monstruosa detrás de sus velos. En La mascota de Jorge el monstruo es otro, o son todos, o es el mismo mundo. Matías Pailos nos muestra lo que sucedió con la especie humana después de La Gran Separación.

 

La reputación que precede a Laura Ponce no influye cuando digo que Querida tía está entre las mejores del volumen. Detrás de las líneas de una carta, la narradora habla sobre la mascota que obtuvo para el gusto de su hija. ¿Hasta qué límites podemos satisfacer a una niña, cuando en el fondo sabemos que estamos haciendo algo terrible? Digno de un buen capítulo de Black Mirror, el cuento de Ponce es feroz hasta el final.

 

El amor puede adoptar formas imprevistas, como demuestra Verónica Martínez con Un día cualquiera. Tras sumergirnos en plena Nueva Delhi, seguimos a una muchacha que conoce a un hombre inquietante. Es sabido que algunos guardan secretos demasiado terribles.

 

Una plaga de hormigas marca el sendero de lo que será una angustiante realidad, gestada en Redención, de Héctor Prahim. El multipremiado autor nos guía a través de una casa repleta de fantasmas angustiados —metafóricos o reales, la frontera es difusa—. La ambientación inquietante es alimentada por una tormenta, por el barro, una pestilencia pútrida y una niña de diálogo enigmático.

 

Acompañar a un cuarteto de actores itinerantes puede ser una pésima idea: en Pueblo Liebig, de Sebastián Chilano, la atmósfera onírica, pesadillesca, domina el viaje, la obra, el aire. Las imágenes son claras y crudas, sucias, tan palpables que pueden adivinarse aleteos junto a nuestros oídos.

 

El candidato más hábil es aquel que le dice al pueblo una verdad satisfactoria. La juventud, la locuacidad y las ideas novedosas juegan a favor de un hombre pronto a ser presidente de la nación. El hecho de que guarde una antigua tradición familiar de canibalismo es algo que le dará ventaja sobre sus oponentes. El politalentoso Juan Manuel Candal demuestra un excelente manejo de la narrativa con Civilizados hasta la muerte.

 

Los edificios de departamentos son escenarios muy poco explotados al momento de contar una historia de terror. Y C. Castagna hace uso de su inventiva desde Visión nocturna para meternos en varios pisos de oscuridad ruidosa, vecinos extraños y huellas de locura dispuestas en los rincones para ser vistas u olidas.

 

Un hombre solo, una anciana sola y una plaga de palomas protagonizan la dura historia de Miguel Sardegna: Jardín de invierno. Con una vibración melancólica tras cada palabra, su cuento remueve, inevitablemente, el interior de aquellos que conocemos el silencio y los espacios demasiado sombríos. Espacios donde cualquier visita inesperada es a la vez rechazada y bienvenida.

 

La cola de este mal bicho es musculosa, acorazada y porta un aguijón venenoso: la obra de Francisco Cascallares. Nido es un monstruo en sí mismo, con tantos puntos fuertes que resulta indestructible. Una entomóloga lleva a su familia hasta un bosque, guiada por una peculiar especie de artrópodo. Resultan innumerables las razones por las que este cuento queda entre mis favoritos, no sólo del volumen, sino de mi ranking personal.

 

La criatura entera conforma un organismo irregular, hambriento y salvaje, compuesto a pedazos pero sin perder las uniones, con más bocas y cuernos de los que pueden verse en otras oportunidades. La alimaña que todo sádico tendría como mascota.


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